21Enero2017

Guía Espiritual Deja la envidia a un lado, no publiques tu inferioridad

Deja la envidia a un lado, no publiques tu inferioridad

Imagen Creo que de todas las malas hierbas que suelen crecer en el jardín de nuestras emociones, la envidia es la más común, nociva y endémica de todas.

Es fácil de cultivar y difícil de erradicar. Es como las malezas reales. Nunca sabes en qué momento invadió tu huerta, no tienes ni la mínima idea de dónde vino, pero allí está.

Nadie las riega ni las fertiliza, pero crecen y crecen. Y cuando te decides a quitarlas, te aseguro que no lo lograrásde una sola vez. Necesitas paciencia y esfuerzo. Es que somos tan propensos codiciar lo ajeno. A compararnos con nuestros semejantes y sentir ese cosquilleo molesto en nuestro interior cuando mi prójimo tiene algo que yo también y a un no poseo…

De alguna manera, no tiene nada de malo superarse ni observar logros ajenos con el propósito de imitarlos y, si está dentro de nuestras posibilidades, adquirirlos para nuestra superación personal. Pero si para alcanzar esa meta, avasallo el espacio individual de mis semejantes o hago uso de artimañas crueles motivadas más por la ambición que por superación personal, si ese deseo se transforma en obsesión, y esa obsesión en envidia, y esa envidia acaba matando mis relaciones interpersonales, la cosa juega en mi contra, no a mi favor.

Porque al envidiar estoy evidenciando mi inferioridad. Estoy publicando a gritos que fui incapaz de llegar donde el otro llegó. Que estoy insatisfecho e inconforme conmigo mismo y eso me margina.

Jesús dijo que no hay filosofía de vida más saludable que la de aquel que aprendió a llorar con los que lloran y a reír con los que ríen. Quizás lo primero sea más fácil que lo segundo. Naturalmente nos compadecemos de la desgracia ajena, pero ¿Nos alegramos de la prosperidad de mi amigo?.... Sinceramente NO.

Entonces, si te carcome por dentro un sentimiento de inferioridad e insatisfacción porque no tienes esto o aquello, es porque no te sientes completo en Cristo. Si es así, hasta que Cristo no sea todo en tu vida, no publiques tu inferioridad.

Pablo Martini – ‘Reflexiones para el Alma’

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