28Junio2017

La conmovedora historia de la mujer que dio su vida por su hija

La imagen que Elizabeth Joice publicó el 25 de enero pasado en su Facebook, muestra un momento muy especial para esta mujer neoyorquina. En ella aparece junto a su esposo Max y su hija Lily poco después de que ésta viniera al mundo a través de una cesárea.

La niña nació unas semanas antes de lo que estaba previsto, no porque tuviera algún problema, sino que debido a que Elizabeth padecía una grave enfermedad que terminó con su vida tan sólo seis semanas después de cumplir su sueño de ser madre.

La conmovedora historia, que ha sido recogida por diversos medios alrededor del mundo, fue hecha pública por su esposo, como una forma de honrar la valentía que tuvo Elizabeth de sacrificar su propia vida para que su hija pudiera vivir.

En 2010, la mujer fue diagnosticada con un sarcoma, un tumor maligno, que en un comienzo se negó a tratar. "Si es terminal, ni siquiera voy a luchar", le dijo a su entonces novio, según contó éste al "New York Post". Sin embargo, Max no estaba dispuesto a darse por vencido tan fácilmente y el mismo día le propuso matrimonio, diciéndole: "No tienes la opción de no pelear".

La pareja se casó un mes después, y Elizabeth soportó las duras sesiones de quimioterapia y hasta una operación, para asegurarse de que el tumor fuera totalmente erradicado. Y lo logró: tres años después fue declarada libre de cáncer. Pero, a pesar de la buena noticia, los doctores le dijeron que nunca podría convertirse en madre.

Elizabeth y su esposo hicieron caso omiso de los pronósticos médicos, y en junio de 2013 supieron que serían padres. "Nos dijeron que no había ninguna posibilidad de que sucediera y estaba ocurriendo", relató Max.

Sin embargo, la felicidad duró poco, ya que un mes después les informaron que el cáncer de Elizabeth había regresado. Y pese a que el tumor fue removido, la pareja debió enfrentar una difícil disyuntiva: terminar el embarazo para que la mujer pudiera tratarse el cáncer o seguir adelante con todos los peligros que esto implicaba.

"Tener un hijo era una de las cosas más importantes en el mundo para Elizabeth. Ella dijo: 'Si termino el embarazo y resulta que después no puedo tener un bebé, estaré devastada'. Sabía que sería su única oportunidad", contó su esposo.

Así, la pareja siguió adelante con el embarazo y su bebé fue creciendo en el vientre, al igual que lo hacía el cáncer de Elizabeth. Por esto, en enero, un par de meses antes de la fecha estimada de parto, los médicos le dijeron a la pareja que no podrían esperar más y que la niña debía nacer mediante una cesárea.

En ese momento, Elizabeth tenía tumores en su pulmón derecho, su corazón y su abdomen. Su salud declinaba rápidamente, y los doctores la dejaron ir a su casa cinco días después de dar a luz y sólo por una noche.

"Esa única noche en casa fue todo lo que tuvimos (…) Nos despedimos. Era como algo salido de una película. Nos sentamos y lloramos. Intentamos contarnos historias, hablar sobre todas las cosas buenas", confesó Max.

Elizabeth luchó durante las siguientes seis semanas, pero el 9 de marzo no pudo más y murió en el hospital con su esposo a su lado.

Hoy, los amigos de la pareja recaudan fondos para ayudar a Max y su hija Lily, quien -según su padre- se "contagió" la magia de su madre. "Es hermosa (…) me da la fuerza para salir de esto", afirmó Max.

Asimismo, la conmovedora historia fue recogida en un documental titulado "40 semanas", en el que el director Christopher Henze plasma el duro camino que la pareja debió seguir para convertirse en padres.

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